domingo, 10 de febrero de 2008
Dicen que, antes de nacer en cuerpos mortales, a las almas se las pone en una sala y se les hace elegir entre tres puertas posibles sobre el destino que deseen tomar en su vida terrenal. La primera puerta convierte a quien la atraviesa en un lobo, un ávido cazador insensible de emociones que devora sin remordimientos cuanta víctima se le cruce por su camino. La segunda puerta te convierte en una oveja, inocente y llena de bondad, pero demasiado vulnerable para aquellos lobos que surcan el planeta día y noche. Por ultimo, la tercera puerta no te da la oportunidad de devorar a una oveja o ser devorado por un feroz lobo, solo te convierte en alguien capaz de devorarse a si mismo. Y en este momento se me ocurre preguntarme si acaso soy un lobo solitario destinado a lastimar a todo aquel que confié en mi, o una oveja que cada vez sufre más sus heridas, o si simplemente estoy lentamente consumiéndome como si ya hubiera pasado mi tiempo, o como si hubiera comprendido que no llegaría nunca.
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