Hoy iba caminando por la calle, me crucé a uun primo de mi vieja que casi nunca veo, más allá de algún que otro cumpleaños o velatorio. El punto fue que nos paramos a saludarnos y hablar de esas cosas comunes que uno comenta cuando en realidad no tiene demasiado para decir. Entonces me contó que se había casado con una chica que era judía y que eso había hecho que mi tía ( en realidad es tía de mi vieja, pero se sabe como los parentescos que no son directos se trastocan al momento de presentarse los unos a los otros) se enojara y no sé que barbaridades más, pero ellos se mantuvieron firmes en su amor y hasta ahora según Gastón (asi se llama mi primo, tío, lo que sea) no existía obstáculo para su amor. Y eso que las barbaridades incluyeron buscar una casa nueva, conseguir un trabajo que posibilitara eso, y "ma-du-rar" tal cual me supo explicar acentuando cada sílaba como una palabra en si.
Gastón me dejó la impresión de ser buen chico, después de todo, es sólo unos 7 años mayor que yo y ya sabe sus aspiraciones en la vida, que no por ser poco ambiciosas son ridículas. Quiere estar para siempre con Elsa, y ojalá el tiempo se lo permita, porque uno se da cuenta del amor cuando se le escapa al otro hasta por el agujero del oído.
Además a esa tía nunca la banqué, hubiera pagado por ver su cara.
lunes, 14 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario