Un chasquido.
Tan sólo ese segundo es necesario para que todo lo que tarda demasiado tiempo en construirse desaparezca como si sencillamente no hubiese existido.Y es en esas ocasiones donde, de manera inevitable, uno tiende a preguntarse si en verdad vale la pena el esfuerzo, si toda esa voluntad encolumnada detrás de un ideal tiene algún sentido, cuando todo lo que parece eterno no lo es.Y el chasquido sigue amenazando, día tras día, infiltrándose en las rendijas que el miedo abre en nuestra conciencia. Agazapado, sintiendo que la batalla será desigual puesto que no nos atrevemos a luchar contra él.Aún así, existe un remedio. La panacea que evita esa sensación de perderse segundos de vida, momentos que pasan sin pena ni gloria por nuestra cotidaneidad. Y está dentro de todos, aunque no tiene un nombre visible, puesto que su esencia es una combinación de los sentimientos más nobles que llevamos con nosotros.Descubrir que , si bien con un chasquido puede derrumbarse, también en un chasquido puede nacer un nuevo comienzo, en un chasquido puede aparecer una nueva razón, una nueva excusa para todos los momentos que nos pueden hacer sonreír.Incluso en un chasquido, podés encontrarme escribiendo estas palabras, y llevarme a volar. Sabés que no voy a hacerte preguntas, que me limitaré a tomar tu mano y dejar que flotemos juntos.Aunque sea por hoy.Mañana será un chasquido nuevo, que podrá destruir esto, o que podrá fortalecerlo.
Sólo quiero tratar de enseñarte todo lo que sé, y estar ahí para atraparte cuando la corriente intente dejarte atrás.
Y a pesar de que siempre he querido con todas mis fuerzas hacer lo correcto, no puedo darme el lujo de detenerme justo ahora, porque a pesar de lo que la mayoría piensa, no existe el camino perfecto sin una meta que alcanzar.
sábado, 9 de febrero de 2008
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